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Pobrecita de mí

Publicado el 04.11.2014 y traducido el 14.07.2026 Conto · Hetero de Juliana 9 min de lectura
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Pobrecita de verdad. Bien dicen que la curiosidad mató al gato. Pero vamos por el principio. Soy una chica de cuerpo fino, 1,68 m, 50 kg, y según dicen, muy sexy. Tengo el pelo negro y la piel muy clara, 21 años, estudio comunicación y mi clase es superbuena y unida. Hacemos muchos planes juntos y solemos ir a un barcito cerca de la facultad para charlar. Muchas veces el tema deriva en guarradas y, un buen día, el tema fue el tamaño del pene. Fue un compañero nuestro quien preguntó, sin rodeos, a todas las chicas del grupo si eso nos parecía importante.

Unas dijeron que no, que lo importante era ser competente, mientras otras decían que el tamaño era muy bueno, yo incluida, aunque no fuera tan experta. Mi prometido, por cierto, no está muy bien dotado, igual que los pocos que lo precedieron, y yo siempre me morí de curiosidad y de ganas de saber cómo sería follar con una polla bien grande. Renato entonces dijo que incluso las golosas del grupo saldrían corriendo de su primo, que tenía una cosa enorme, de entre 25 y 30 cm, además de ser muy gruesa.

Casi me atraganto al oír eso y, entre carcajadas y exclamaciones de asombro, todas se echaron atrás. La charla terminó, pero aquello se me quedó en la cabeza, porque desde chica tenía sueños eróticos con superdotados. Casi un mes después, estaba solo yo y Renato conversando, cuando me armé de valor y le pregunté cómo iba su primo. Él sonrió y me preguntó si me había picado la curiosidad. Tartamudeé, pero dije que sí, que nunca había visto uno muy grande y me moría por ver хотя sea uno. Renato se rió y dijo que podía arreglar una manera de que eso pasara sin comprometerme ni comprometer mi compromiso.

Me excitó enseguida la idea y empecé a escuchar su plan, con el que estuve de acuerdo de inmediato. El sábado siguiente, le dije a mi prometido que haría un trabajo con unos compañeros por la mañana y fui a casa de Renato a buscar un "libro". Me puse una ropa súper sensual y, en el colmo de la osadía, me salté la ropa interior, aunque no pensaba hacer nada más que mirar. Eran las 9:00 de la mañana cuando llegué, y encontré a los dos en pantalón corto volviendo de la playa. Renato fue a ducharse y me dijo que me sintiera como en mi casa, que después me daría el libro.

Danilo era muy guapo y amable y, mientras me hacía compañía, noté que se deleitaba con mi blusa, que por ser súper escotada dejaba ver parte de mis pechos. Vi que se iba excitando, pero enseguida Renato lo llamó. Él fue a ducharse y Renato apareció secándose el pelo solo con un bermudón. Seguimos hablando y los dos estábamos visiblemente excitados. Fue entonces cuando reparé en el bulto bastante grande que marcaba su bermuda, y él, algo avergonzado al notar mi mirada, me preguntó si quería verlo.

Tragué saliva y dije que sí. Renato bajó la bermuda, que cayó al suelo, y me encontré con algo enorme y precioso. El muy pillo hablaba del primo, pero su pene tenía unos 23 cm frente a los 16 de mi prometido. Me maravilló aquello y, con permiso de su dueño, decidí agarrarlo. Sentía su consistencia dura y a la vez suave y su calor en mis manos. Puse las dos manos alrededor de aquella cosa y aun así me sobraba polla para rato. Le eché la piel hacia atrás, dejando al descubierto la cabecita brillante y provocadora, y empecé a masturbárselo cuando apareció Danilo.

Él y yo nos quedamos cortados, pero Renato lo llamó diciendo que yo solo estaba haciendo una investigación científica y que necesitaba más material. Danilo se rió mucho y se acercó, dejando caer la toalla. Casi me da algo: aquello era más grande de lo que podía imaginar. Mi curiosidad me había puesto frente a frente con dos superdotados, y el segundo nabo medía 28,5 cm además de ser súper grueso. Era muchísimo más de lo que podía imaginar y pensé si sería posible meter todo aquello dentro de mi coñito.

Manipulaba al mismo tiempo aquellas dos pichas con cariño, y me sentí simplemente poderosa al constatar que los tenía bajo mi poder de hembra. Creí que podía hacer lo que quisiera y me tragué a Danilo, que apenas me cabía en la boca. Pasé a Renato y se la chupaba un poco a cada uno. Si me dejaran, me habría pasado la mañana entera mamándolas, pero Renato se quedó con las piernas temblando y se sentó en el sofá, lo que me obligó a ponerme a cuatro patas para seguir chupando. Él me levantó la blusa, soltándome los pechos, mientras Danilo me alzaba la faldita y me manoseaba el culo blandito.

Estuvimos así un buen rato, hasta que me di cuenta de que estaba completamente desnuda. Sentí a Danilo jugueteando con mi clítoris y mi concha hasta que, con un dedo, empezó a penetrarme; luego dos, hasta que un tercero me penetró, sabía yo, para prepararme para lo que ya no iba a negar dado mi grado de excitación y curiosidad. Sentí cómo la cabecita me iba abriendo entera y entrando, y luego vino aquella cosa gruesa, inmensa, lentamente, abriéndose paso e invadiéndome, en una follada para mí incalculable. Ya no chupaba, solo gemía y me retorcía pidiendo piedad y cuidado.

Estaba completamente atascada de polla, que entraba y salía lentamente para no hacerme demasiado daño. Cuando Danilo se corrió casi me da algo al sentir los chorros en mi útero. Se retiró y me puso su pedazo de polla en la boca para que se la limpiara a base de chupadas, mientras Renato ocupaba rápidamente su lugar. Renato se quejó de su primo porque me había ensanchado y aquello era un pantano, y tomó otro camino diciendo que quería algo más apretado. Aprovechó que tenía la concha y el culo completamente embadurnados y me metió el dedo en el ano.

Como ya practicaba sexo anal con mi prometido y simplemente me encantaba, decidí dejarlo disfrutar, ya que no era el gigante, y eso fue lo que hizo. Aun así dolió bastante cuando entró; al fin y al cabo era bastante más grande de lo que estaba acostumbrada, pero fui acomodándome y disfrutando de aquel delicioso empotrón mientras la pollaza de Danilo ya se endurecía otra vez en mi boca. Danilo me tiraba hacia arriba de él, y yo me fui sentando sobre su verga sin sacar la polla de Renato de mi culo. Fue una locura. Los dos me daban con fuerza y yo me sentía una puta violada. Me llamaban puta, perra, y preguntaban cómo demonios aguantaba aquello con una sonrisa en la cara.

Me corría sin parar y estaba mareada, tan mareada y enloquecida de placer que decidí cometer la locura suprema y completar mis fantasías, diciendo simplemente: "cambien de lugar". Danilo no se lo creyó y dijo que no lo aguantaría, que ni con una puta había conseguido hacer sexo anal en su vida. Dije que quería al menos intentarlo, que me esforzaría, y que quería darle esa primera vez, ya que él había tenido el favor de cumplir mis deseos.

Renato se salió de mí lentamente y, después de unos preparativos pensando en la mejor forma de recibir aquella pedazo de polla, pusimos dos almohadas sobre la cama, donde me tumbé boca abajo colocándolas bajo el culo. Aunque estaba empapada, Renato cogió vaselina y se puso bastante en los dedos, y me metió el dedo en mi culito, que ya estaba ensanchado por él. También me embadurnó bastante por fuera del culo, y me metió una embestida profunda y fuerte con su propia verga, preparatoria para el bruto que vendría. Entonces vino Danilo. Se frotaba, lo intentaba, y yo sentía la punta de la cabeza ensanchándome el trasero. Me relajaba oyendo palabras dulces y siendo acariciada por Renato y, de repente, sentí la cabeza entrando en aquel terreno pantanoso. Juro que vi estrellas e intenté echarme atrás, pero Danilo fue más rápido y dijo:

- Ahora que he llegado hasta aquí, puta, te voy a comer el culo rico hasta reventarte el ano.

Diciendo eso me sujetó por los huesos de la pelvis, inmovilizándome, y me metió "metros" de polla por el culo, encajándome e impidiendo mi huida. Perdí el aliento mientras se hundía más y más, y me sorprendí al descubrir que por detrás, al contrario que la conchita, era posible enterrarlo todo, porque el culo no tiene fondo. Después de comérmelo un buen rato y saciar años de sequía, me puso a cuatro patas y Renato entró por debajo de mí para follarme la concha al mismo tiempo, comprimiendo todavía más mis conductos internos.

Entonces dieron inicio al bombardeo, que fue cumplido sin piedad por los dos calenturientos hasta que, entre chorros de corrida, me dejaron tendida en la cama. Nunca me había corrido tanto en mi vida. Ellos, alucinados y saciados, decían que nunca imaginaron también que una mujer pudiera soportar lo que yo aguanté y que todo aquello era superior a cualquier película porno que los dos hubieran visto.

Cuando me levanté, estaba rota, con el cuerpo literalmente molido y el culo hecho un desastre, pero muerta de felicidad. Me di una ducha, donde pude ver el tamaño del destrozo en mi trasero, y nos despedimos. Ni hace falta decir que volví otras veces al apartamento de Renato, incluso llevando a otra compañera "muy curiosa" a la que le conté en secreto el asunto y a la que tuve el enorme placer de ver siendo desgarrada por los monstruos, antes de someterme yo también a sus caprichos. Hoy soy una mujer realizada, porque tengo la suerte de poder saciar mi hambre siempre que me apetece.

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Comentarios

Hay 5 comentarios.

Por Maximusjrs en 2018-11-17 12:00:07

¡EXCELENTE CUENTA! VEN A LEER LAS MÍAS, SON REALES. ¡TE ENCANTARÁN!!!

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Por dotadosafado en 2016-03-12 16:39:44

Me encanta una mujer atrevida que le gusta que la hagan bien, aunque a veces no tenga el valor de decir más: se muere de deseo. Después de algunas experiencias empecé a disfrutar muchísimo quedándome mirando y deseando a una mujer traviesa, o viéndola exhibirse. Incluso ayudarla a perder la timidez y a mostrar todo el deseo y las ganas reprimidas. Quién sabe, ayudándola a conocer esos deseos… y ganas… WhatsApp (uno, nueve, nueve, ocho, nueve, dos, dos, cuatro, uno, cuatro, ocho).

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Por done en 2015-11-24 17:01:26

Me encantó, me gustaría ver a una mujer dando placer a dos hombres al mismo tiempo.

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Por Amigo en 2015-07-13 07:51:41

Me encantaría ser el cornudo de tu novio. ¡Sería buenísimo comerte toda destrozada por otras pollas enormes!

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Por Superdigao en 2015-07-11 16:37:06

¡Me encantó la historia!

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