Induciendo a la profesora de matemáticas
Publicado el 10.09.2014 y traducido el 14.07.2026 Conto · Hetero de Aluno 20 min de lecturaEsta fue una de las experiencias sexuales más interesantes que he tenido. Se trata de un paseo propuesto por mi profesora de matemáticas a los alumnos más aplicados, y el destino fue generoso porque yo no imaginaba cómo sería; en aquella época tenía 15 años. Intentaré, a través de este relato, describirlo con el máximo de detalles. No citaré nuestros nombres.
Un día fui invitado a pasar un fin de semana en una finca apartada con mi profesora junto con otros 5 o 6 compañeros, porque éramos los mejores alumnos de matemáticas de la clase. Como la profesora tenía una finca y nos quería mucho, nos hizo ese regalo. Al principio no me había gustado mucho la idea y tal, pero después empecé a imaginar lo bueno que sería por tratarse de un lugar natural, y a mí me encanta la naturaleza. Entonces ya estaba todo arreglado: el día en que iríamos y cuánto tiempo nos quedaríamos.
El problema era que había algunos compañeros que no confirmaban si iban. Para decir la verdad, yo fui el único que confirmó que iría, pero no imaginaba que iba a ser el único que realmente fuera. Pues sí, eso mismo pasó: el día marcado, un viernes, fui a la terminal y allí solo estaba la profesora; entonces le pregunté dónde estaba el resto del grupo, y me dijo que en realidad solo iríamos ella y yo porque los demás se habían echado atrás. Me quedé un poco desanimado porque había hecho planes de aventuras y tal con el grupo, pero ella enseguida dijo: “No, así también será divertido, ¡ya verás!”, y así me subí con ella.
Como el viaje duraba mucho, conversamos un poco y enseguida se durmió en el autobús, entonces me puse a pensar que no sería tan malo después de todo; para decir la verdad, yo ya estaba empezando a tener malas intenciones, pensando que solo íbamos a ser ella y yo, y nadie más, en un lugar desierto durante tres o cuatro días. Empecé a gustar de la idea. Me quedé mirando su cuerpo mientras dormía en el autobús; ya tendría unos 40 años, pero estaba bien conservada, todo en su sitio, y empecé a pensar cosas traviesas. Ella estaba junto a la ventana (todavía en el autobús), dormía con la cara vuelta hacia la ventana, y me sentí cómodo observándola sin mayores cuidados. Aunque llevaba pantalones, la forma de su cuerpo se marcaba igual.
Pensé en hacer una tontería y ponerle la mano descarada sobre las piernas fingiendo dormir, pero me controlé. Y menos mal que lo hice, porque en no más de dos minutos se despertó, me miró sin ninguna malicia y se rió preguntando por qué no aprovechaba el tiempo para dormir un poco; le dije que no me gustaba dormir en los autobuses. Entonces empezamos a conversar, le pregunté cómo era la finca, y me dijo que era un lugar bastante bonito aunque súper desierto. Me encantó oírla decir que era desierto, y le pregunté si lo era tanto; ella, riéndose todavía y sin malicia, dijo que sí, que era tan desierto que en otras ocasiones en que había pasado allí las vacaciones sola, ya se había quedado desnuda durante dos días. Le creí y me reí sin mostrar ninguna maldad.
Llegamos entonces a la ciudad, (llamaré a la ciudad “X” para no dejar rastros; lo que sí puedo decir es que queda aquí en Bahía), bajamos en la terminal y allí tomamos una Kombi que fue rumbo al campo; después de andar y andar, bajamos de la Kombi, éramos los últimos. Y yo pensaba que ya habíamos llegado, cuando la oigo decir si estaba preparado para caminar, solo que era a pie. Yo me reía y le dije si había otra manera… Entonces continuamos nuestro camino; ya eran las 5 de la tarde y llevábamos casi dos horas andando. Estaba agotado, ella diciendo siempre que estábamos cerca, pero a esas alturas ya no me creía nada.
Finalmente llegamos a la finca, realmente ella tenía razón: el lugar era muy bonito y bastante desierto de verdad, un silencio… solo el ruido de la naturaleza. Había una casa sencilla, también porque era en el campo y no hacía falta tener una casa grande… Entramos y no estaba muy sucia porque ella había pasado allí días antes para limpiarla, para que no encontráramos la casa en mal estado. Ella fue a bañarse y yo me bañé justo después de que terminara; luego comimos algo que ella había traído. Ella llevaba unos shorts de tela ligera, así como la blusa que usaba sin sujetador, y yo me quedé solo en short. Pensé que quizá el paseo sería una mierda porque no vi ni un rastro de malicia en ella, y también porque la vi arreglando las dos camas en cuartos distintos; su única preocupación era ver si yo estaba disfrutando del lugar. Pero decidí ser menos precipitado y esperar; no hacía ni dos horas que estaba allí y ya quería las cosas fáciles en la mano. Por eso pensé que, aunque ella no tuviera ninguna malicia en el paseo, yo podría inducirla a algo. Y así empecé a elaborar planes tranquilos para alcanzar mi deseo. Nos relajamos, estuvimos conversando tonterías dentro de la casa, luego salimos a caminar para que yo conociera una pequeña parte del lugar; mientras ella me mostraba las cosas, yo ya iba imaginando… Como ya era de noche, volvimos a la casa, allí retomamos los planes y tal; yo estaba en el sofá y ella en un sillón frente a mí. Durante su entusiasmo con los planes, puso uno de los pies en una mesita que tenía delante, flexionando una de las piernas. Como los shorts que llevaba eran de tela ligera y un poco flojos, se le iban resbalando por el muslo hasta dejar ver parte de su braguita; no se podía ver mucho y tampoco podía darme el lujo de mirarla fijamente. Fue suficiente para que yo quisiera adelantar los planes. Empecé a pensar cómo acostarme con ella enseguida, pero no podía, porque para ella yo no era más que su alumno de 15 años. Después se levantó y fue hasta la ventana del frente de la sala, se quedó mirando el cielo y me llamó para que viera lo bonito que estaba. Entonces fui hasta allí y realmente el cielo parecía más cerca; la ventana, aunque alta, era muy estrecha, por eso teníamos que apretarnos, digamos, para mirar el cielo. Entonces pensé en abrazarla por detrás, pero me daba cierto reparo hacerlo porque nunca habíamos tenido esa intimidad; aun así dejé de analizar un poco todo y fui igual, la abracé tímidamente por detrás. En el mismo instante, para no chocar, solté enseguida cosas del tipo “menos mal que vi el paisaje, es realmente muy bonito”, para distraer sus pensamientos de lo que yo estaba haciendo; entonces todo pasó de forma “normal”. Ahí sí empecé a pegarme un poco más, mi polla estaba dura, y todavía no tenía valor para tocarla; fui haciéndolo muy despacio para que no se diera cuenta. Empecé a rozarme con ella y siempre decía algo sobre el cielo; ella también decía algo, empecé a sentirle el culo, coloqué mi polla entre sus nalgas, todo eso muy lentamente; ella se apartó un poquito, entonces me detuve un momento para no levantar sospechas, y al cabo de unos instantes volví a hacer lo mismo, solo que esta vez ya no se apartó, quizá se hizo la distraída y también quería aprovecharse, entonces se estaría aprovechando de mí pensando que yo era el “angelito” al que le daba clase y que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo mientras ella se deleitaba. Ya estábamos en un apretón delicioso, me froté un poco más fuerte contra ella, pero siempre “sin” demostrar malas intenciones, estuvimos así bastante tiempo; ya tenía ganas de levantarle discretamente la pierna del short, pero entonces salió y fue a hacer algo a la cocina. Me molestó que terminara así, fui al sofá, y entonces ella vuelve de la cocina directo a la ventana y me pregunta: “¿Te cansaste de mirar al cielo, fue?” Yo respondí, sin controlar mucho mis emociones, justificando de cualquier forma por qué ya no estaba mirando el cielo y volví. Ella fue rápidamente a la ventana, enseguida retomamos la posición anterior; ni siquiera se apartó hacia un lado, se quedó en esa posición de inmediato, ya mostraba haberle gustado, no que quisiera que yo lo notara. Yo también fui enseguida abrazándola con más fuerza; mi polla estaba durísima, pero no pensé en esconderlo, fui empujándome contra ella, que seguía sin decir una palabra al respecto ni mostrar nada, como si no pasara nada. Entonces se inclinó completamente sobre la ventana, y así se frotó el culo contra mi polla varias veces. La cosa se estaba poniendo caliente, hasta que decidió echarme un balde de agua fría, diciendo que ya se iba a dormir. Yo pensé que ese era el momento, entonces ella también dijo que había puesto una sábana suave en mi cama, me dio las buenas noches y se dirigió al otro cuarto; todavía pasé por delante para ver si insinuaba algo, pero no parecía en absoluto. No hubo manera, tuve que tomarme un baño porque estaba todo pegajoso…
Eran como las 5 de la mañana del sábado cuando me despertó ella, invitándome a aprovechar el sol frío; me levanté, me bañé y fui con ella a ver el sol, todo aquel escenario extraordinario. Empezamos a caminar por el monte apreciando el verde en dirección a una fuente; ya me imaginaba algo por allí, seguimos… El agua corría libre y cristalina, entonces ella dijo que la presencia de un río cercano ayudaba a la calidad del agua. Enseguida sugerí que fuéramos hasta él; ella dijo que quizá quedaba un poco lejos y que no recordaba bien dónde era, pero que si yo quería arriesgarme… pues sí, me arriesgué, y llegué allí. ¡Vaya! El riachuelo tenía una orilla de arena, parecía hasta una playa, irresistible. Ella dijo: “Dan ganas de meterse, ¿verdad?” Entonces yo dije: “¿Por qué no? ¡Vamos!” Y ella respondió que no había venido con ropa para bañarse. Yo entré al río enseguida; ella se quedó sentada en una piedra, muriéndose de ganas de entrar, y yo la invitaba. Ella dijo medio riéndose, con algo de vergüenza: “Solo si entro en braguitas y sujetador”. Le dije enseguida: “Vamos, qué tontería”. Se dio la vuelta y se quitó la blusa; luego se quitó los shorts, un poco tímida, ató su ropa a una rama que estaba sobre el río y fue entrando. Sus pechos eran firmes pese a la edad, y no se escondían del todo en el sujetador; su coño se marcaba en la braguita, era tan bonito… Yo tenía cuidado de no mirar en ese instante para que no se pusiera incómoda. A medida que el agua se volvía más transparente, el sujetador se marcaba más y se le notaban los pezones, pero ya se iba creando un clima más relajado y a ella no le importaba tanto; aun así, por el color del agua no se veía bien cómo estaba su coño a través de la braguita mojada. Yo estaba loco por ver cómo estaba, aproveché unas piedras que había en el río y empecé a lanzarlas de modo que ellas flotaran un poco sobre el agua; ella también intentó hacerlo, pero no podía… yo me reía de ella y, en aquel clima de desinhibición, le dije que podría hacer aquello con piedras más grandes; ella decía que dudaba, y que lástima que no hubiera piedras más grandes porque quería reírse de mi cara. Yo enseguida vi que fuera del río había piedras más grandes, vi la oportunidad de hacerla salir del agua para que yo pudiera ver su “conejita”. Entonces dije: “¡Mira, allí hay, ve a cogerlas!” Ella dijo: “Ay, no, cógelas tú, tengo pereza de salir de esta agua tan rica”. Yo fui poniendo excusas para no ir yo y también provocándola, diciéndole que temía que yo lo consiguiera. Cayó en esa tontería y fue a cogerlas; yo me fui a un lugar del río donde pudiera ver con más claridad, detrás de una roca en la orilla por donde ella había subido para atar su ropa a una rama. Fue saliendo de espaldas a mí; al principio su culo quedó nítido porque la braguita mojada lo marcaba. Y desde lejos pude verla recogiendo unas piedras; enseguida vino a mostrarme lo diferentes que eran las piedras que había encontrado. Le sugerí que volviera a subir a la roca de la orilla y me las entregara. Así ocurrió entonces: venía con unas piedras que parecían mármol, subió a la piedra y se agachó para dármelas; al agacharse delante de mí tuve la feliz visión, frente a mi cara, de aquel coño maravilloso. Como estaba tan encantada con las piedras, ni se dio cuenta de que estaba solo con la braguita bajada delante de mí, fue demasiado… la braguita se metía un poco, se entendía todo clarito. Quería que en ese instante se bajara la braguita hasta las rodillas para poder meterle la lengua ahí dentro… Entonces me dio las piedras, dio la vuelta y volvió a entrar al río. Después de tirar unas piedras al agua, intentó escribir en la roca de la orilla con la piedra que tenía en la mano; yo fui y me pegué un poco detrás de ella, y se apartó, me quedé un poco cortado pero disimulé. Le quité la piedra de la mano, le dije que sería la última piedra y la lanzaría al río como las otras; fue entonces cuando ella vino a intentar recuperarla de mi mano, empezamos a jugar, y como yo levanté las manos hacia arriba y hacia atrás, ella tuvo que acercarse contra mí poniendo la mano a la altura de mi muñeca. No hubo manera, pude sentir sus pechos cuando intentaba coger las piedras; lancé las piedras lejos y le sujeté las manos, levantándola y bajándola, haciendo que sus pechos rozaran contra mí. Me reía y le dije: “¿Pensabas que ibas a conseguir coger la piedra, eh?…” En eso, uno de sus pechos ya se estaba saliendo, y el pezón derecho salió del sujetador entrando en contacto con mi piel. La abracé una vez más descaradamente, fingiendo no darme cuenta, y le dije: “Vaya, aquí está tan bueno, ¿no?” Ligeramente se arregló el sujetador; con toda la desfachatez la amenacé con tirarla, la sujeté poniendo la mano en su culo, la tumbé y me quedé haciéndole cosquillas. Decidimos volver a la casa, ¿y dónde estaban sus ropas? Se habían caído y no las vimos; fuimos a buscar, pero no se podían encontrar por la cantidad de vegetación en el agua, así que tuvo que volver a casa así mismo. Fuimos caminando y le di un azote en el culo “en broma”; ella se puso seria y yo me quedé cortado. Después de caminar mucho, llegamos y ella fue diciendo que menos mal que habíamos llegado porque estaba loca por darse un baño enseguida; yo dije: “¡Ah, no! ¡Yo primero!” y empezamos a correr para ver quién se bañaba primero. Cuando entramos en la casa la agarré, entonces caímos al suelo en toda aquella broma; le sujeté las manos, la puse de lado en el suelo y de espaldas a mí, quedando yo detrás de ella, luego la empujé hacia abajo, su braguita se le metió entera en el culo, fue muy bueno, estuvimos en aquella broma; ella se reía y, de cierta forma, me dejaba hacer aquello… la giré de espaldas, quiero decir, boca abajo, y todavía sujetándole las manos me quedé mirando aquel culo con la braguita toda metida, qué delicia… y aunque quería, no podía intentar nada todavía, porque a todos los efectos estábamos jugando. Tuve que soltar a la profesora para no levantar sospechas, la dejé bañarse, después me bañé yo también, fuimos a almorzar verduras… no me gustó (risas), pero tampoco había mucha opción, salvo comida natural… uno acaba gustando de ella. Después de almorzar, intenté improvisar una antena en un televisor viejo que había allí, para distraernos; recuerdo que solo sintonizaba un canal, pero no había remedio: después del almuerzo, la tele es casi una obligación. Allí había una de esas sillas típicas del campo, con asiento y respaldo de tela, que son bastante cómodas. Después de conseguir poner algo en la pantalla del televisor, cogí la silla y la puse frente a la tele; me senté y entonces ella se acercó exclamando: “Vaya, ¿me has cogido la silla, no?” Yo me reí y dije, sin planear nada: “Siéntate en mi regazo, así ninguno de los dos perderá la disputa por la silla”. No lo podía creer, pero se sentó en mi regazo y se recostó en mi pecho. Fue demasiado bueno sentir aquel culo en mi regazo; inevitablemente mi polla se puso dura, no pensé en disimular. Puse mis manos en su cintura y ella puso sus brazos sobre los míos. Fingí rascarme el brazo, porque así, teniendo mi brazo debajo del suyo, mi antebrazo estaría en contacto con el pezón de sus pechos, y así fue: me quedé “rascándome el brazo” y sentía el pezón rozando… claro que tuve que parar (risas). Como estaba vestida con unos shorts de esos que se pegan y dibujan el cuerpo, la sensación era la de sentir todo su cuerpo sin ropa. Por un instante pensé que no estaba consiguiendo mis propósitos porque no había follado con ella, pero recordé y comparé la intimidad que tenía con la que ya estaba teniendo y me pareció bien; siempre tuve la fantasía de follar con mujeres mayores… pues sí… Empecé a dejar que mi mano izquierda se deslizara desde su cintura hacia su coño, pero no podía llegar allí a menos que metiera la mano intencionalmente. Pero mi mano quedó muy cerca. Ya no me contenía más y empecé a frotar lentamente su culo sobre mi regazo mientras comentaba algo que salía en la tele.
Ya no me contenía más y empecé a frotar lentamente su culo sobre mi regazo mientras comentaba algo que salía en la tele. Puse mi mano en su hombro y bajé acariciándole un pecho; fui a hacerlo de nuevo y ella me quitó la mano. Me quitó toda la gracia, enseguida se levantó y se fue medio enfadada. Yo me cabreé y empecé a pensar que ya no habría forma de conseguir lo que quería, que el paseo a partir de ahí sería una mierda. Ella fue a la cocina, lavó unos platos, ordenó unas cosas por allí, pero se quedó callada todo ese tiempo; había percibido lo que yo estaba haciendo. Entonces salí fuera de la casa y me quedé solo pensando incluso en irme… Ella me llama y me pide que entre porque quería hablar conmigo. Yo ya sabía de qué se trataba. Enseguida me dijo que me sentara porque quería hablar conmigo. Dijo que había propuesto un paseo y que no era con esa intención, que incluso entendía lo que yo estaba haciendo, dijo eso diciendo que yo era un chico y que admitía que se había dejado envolver hasta cierto punto, pero que no le parecía correcto, porque tenía edad de ser mi madre y tal… Yo le dije: “Puede que tenga la edad, pero no lo es”, y también le dije que no tenía marido, que no tendría que darle explicaciones a nadie y por eso no veía tanto error. Le dije que no había pensado que terminaría así, que solo había empezado a sentir atracción por ella durante el paseo, que era mi fantasía follar con una mujer mayor, y fui diciendo muchas cosas. Ya me estaba desanimando, cuando ella dijo: “Está bien, voy a dejar que me toques en algunas partes, no en todas, pero no vamos a follar en ningún momento”; que me sacara eso de la cabeza. Al menos podía tocarla, pero ya no había más acción, ¿y cómo sería eso? Ella dijo: “¿Viste una bañera allá en el patio?” (era una especie de bañera de baños antiguos, de hierro y pintada por dentro con un esmalte blanco, una capa lisa). Le respondí que sí, y me dijo que era para ayudarla a moverla a una zona plana frente a la casa, ponerle agua pero no demasiada porque iba a calentar agua al fuego y mezclarla. Después de que puso el agua caliente que había traído en la bañera, me dijo que me acostara allí, con el short, y que ella vendría después. Así lo hice, y allí venía ella en braguitas y sujetador blancos; me pidió que me tumbara boca arriba, se tumbó sobre mí, y yo enseguida le fui poniendo la mano en los muslos, subiendo; ella me reprimió: “No, va a ser como yo diga”. Dijo que era para que pusiera la mano en su barriga, pudiendo tocarle los pechos, y que más tarde podría quitarle el sujetador… Fui acariciándole el pezón, que se le ponía cada vez más duro; ella suspiraba, pasaba la mano por el lateral del culo, ella me sujetaba la mano, yo insistía, ella se excitaba más… le quité el sujetador, fui poniendo la mano en su coño, ella decía “no” y no y no… hasta que agarré su braguita y se la fui quitando; me decía que no, pero con ganas de decir que sí, y se la quité… de repente empezó a lamerme la lengua, girándose de frente a mí, entonces por fin pude introducir mi polla en aquel coño caliente y apretado… todo mojado, era la sensación más deliciosa que había tenido. Ella gemía bajito, pasando a susurrar cosas como “te adoro… qué rico…” eso me estimulaba muchísimo. Salimos de la bañera y la coloqué a cuatro patas sobre el césped frente a la casa; ella gritaba fuerte, intentaba decir que no estaba bien, pero pedía más, estaba encantada. Era tan maravilloso, una sensación de libertad, gemíamos desnudos en un lugar abierto. Cambió de posición y se puso de perrito para mí; después de tanto placer nos tumbamos uno al lado del otro en la hierba, mirando el cielo, no hablamos nada, ella me sonrió y se giró tumbándose sobre mí. Fui acariciándole la espalda y el culo… y entonces fue solo placer de verdad. Recuerdo que le pedí que se mantuviera desnuda durante aquel sábado y también el día siguiente. Fuimos a bañarnos, esta vez juntos, ya estaba casi anocheciendo. Empecé a enjabonar su cuerpo, pasé el dedo por su culo lentamente; se erizó toda, le apreté fuerte el culo y nuevamente pasé el dedo y fui metiéndolo; ella me agarró el brazo fuerte y dijo: “No, al menos todavía no, no estoy preparada”; me di cuenta de que allí seguía virgen, así que la respeté. La besé en la boca, parecía que quería tragarse la mía… luego se puso de espaldas, yo empujé la cabeza de mi polla contra la palma de su mano, ella se quedó un poco cortada; fue entonces cuando empecé a pensar que, pese a sus 40 años, había muchas cosas que no había hecho antes, y para mí fue genial, porque me excitaba más. Nos follamos en el baño y terminamos el baño. Yo la fui secando y, al terminar de secarla, le besé el pezón y le dije que ya estaba, que su baño estaba dado. Ella se fue saliendo y luego volvió diciendo: “Eres tan cariñoso, tan maravilloso, me estoy sintiendo tan bien. Amor, ¿vamos a quedarnos en la cama, diciendo tonterías abrazados?”