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Arreada por una polla y un consolador

Publicado el 29.07.2013 y traducido el 14.07.2026 Conto · Hetero de Larissa 10 min de lectura 1 lectura
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Soy Larissa, y tengo 21 años. Quitando modestias, estoy buenísima, con todo en su sitio. Llevaba ya un tiempo sin una buena follada. Todo era rutina, y no pasaba nada diferente. Fue entonces cuando me acordé del primo de una gran amiga mía, Daniel, al que conocía de oídas. Mi amiga siempre me hablaba del calibre de su primo, que era un auténtico burro, tanto de largo como de grueso. Yo, solo de pensarlo, se me hacía agua la boca y pensé que era la hora de probarlo.

Quedé con mi amiga para un encuentro “casual” en un bar. Ella nos presentaría y buscaría la forma de dejarnos a solas para que yo tuviera la oportunidad de comprobar el material. Antes de la cita incluso me preguntó si estaba segura de que eso era realmente lo que quería, porque podía llegar a arrepentirme.

Me arreglé para la ocasión con una blusita bien ajustada y escotada, blanca y sin sujetador, una minifalda bien ceñida y sin bragas, para facilitar las cosas, y unos tacones bien altos. Me depilé por completo, incluida la totosa, como llamo cariñosamente a mi conchita.

Al llegar al bar vi a mi amiga y a Daniel. Era guapísimo, alto, fuerte, realmente muy rico, con pinta de canalla. Simplemente perfecto. Entre charla y charla, suena el móvil de mi amiga, pone una excusa y se va, no sin antes pedirle a Daniel que me llevara a casa. Él sonríe con satisfacción y dice que ni hacía falta que se lo pidiera, que por supuesto me llevaría a casa. Me lanzó una mirada muy pillina y me puse mojada al instante. ¡Qué hombre era aquel! Parecía que sudaba sexo. Nos quedamos un rato más en el bar y me invitó a otra copa en su apartamento, y acepté al momento; al fin y al cabo, para eso habíamos preparado la totosa y yo todo el día. Llegamos a su edificio y, en el garaje, sin más ni más me arrincona contra el coche y me da un beso de desatascar un fregadero, va pasando la mano por mi pecho con fuerza, luego baja y empieza a acariciar la totosa, que a esas alturas estaba rebosando. Me mete dos, tres dedos y empieza a hacer movimientos circulares y con la otra mano intenta penetrarme el culito con un dedo. Lubrica el dedo en la totosa y lo mete de una sola vez en el culito. Solté un gritito de dolor y él me tapó la boca con un beso. El hombre era insaciable... yo iba disfrutando de los movimientos que hacía y tuve varios orgasmos. Se arrodilla entre mis piernas y chupa la totosa, me penetra con la lengua y dice que le encantan las conchitas totalmente depiladas, igual que la totosa. Ya no podía más de ganas de ver, sentir, chupar la polla de aquel hombre; al fin y al cabo, para eso estaba allí. Él se levanta e intento abrirle la cremallera del pantalón para examinar el material, pero me dice que calma... que tendría lo que quería, pero arriba, en su apartamento, bien cómoda. Me recompuse un poco, subimos a su apartamento y en el ascensor la totosa fue rellenada con algunos dedos. Él se apoyó contra mi culo y pude sentir un bulto y una dureza enormes. La noche prometía. Llegamos a su apartamento, yo con las piernas flojas por el masaje de la totosa en el ascensor y él ya me arrastraba hacia su cuarto. Me dejó totalmente desnuda, me tumbó en la cama con mucho cariño y también se quedó desnudo, y casi no me creía lo que estaba viendo. El hombre era un verdadero jeque. No sé cómo podía guardar todo aquello en el slip y en el pantalón. Después supe que medía 27,5 de largo por 6,5 de grosor. Cuando vi aquello me quedé helada, fue como un cubo de agua fría. Se me cortó el morbo al instante, era demasiado para mí, incluso podría hacerme daño. Él, al ver mi cara, se tumbó encima inmovilizándome e intentó calmarme. “No te asustes, Larissa, esta noche vas a tener lo que toda mujer siempre soñó, no voy a hacerte daño, solo voy a hacer que gimas de placer.” Me besó mucho, me chupó los pechos y cayó de boca sobre la totosa, que a esas alturas ya estaba empapada en contra de mi voluntad, porque yo quería parar aquello antes de que fuera tarde. Pero ya era tarde. Daniel abrió la mesita de noche, cogió una pomada y la pasó por la totosa y por toda su hermosa polla, me puso en posición de pollo asado y empezó la penetración. Grité de dolor a pesar del lubricante e intenté echarme atrás. Él me dijo: “Tranquila, voy a ponértelo fácil; solo tienes que colaborar y quedarte bien quietecita.” Entonces me tapó la boca, forzó la entrada y, de una sola embestida, me penetró por completo. Sentí las bolas golpeándome. Llegué a marearme del dolor. Me sentía completamente llena, no podía hacer ningún movimiento, sentía aquella viga empujándome el útero. Daniel se quedó quieto un momento para que me acostumbrara y luego empezó con los movimientos de entrar y salir. No puedo negarlo: pasada el dolor y la impresión, tuve los mayores orgasmos de mi vida. El hombre era un toro, insaciable, controlaba perfectamente su corrida. Sacó todo aquello de dentro de mí, me puso a cuatro patas y dijo: “Ponte a cuatro para mí, mi puta. Ahora que ya te he reventado, te voy a follar de todas las maneras. Quiero que estés bien perrita para mí”. Yo, completamente floja, a cuatro patas fui penetrada otra vez de una sola vez, como una verdadera perra. Solo podía gemir bajito y él encima de mí parecía un toro. Me folló hasta cansarse y finalmente se corrió abundantemente en mi totosa, que a esas alturas estaba roja e hinchada. Caí en la cama y él encima de mí, todavía con la polla dentro de mí. Estuvimos un buen rato así, con él acariciándome el pelo y la espalda y la totosa llena con su polla. Sacó la polla y me dijo: “Límpiamela, mi puta. Chúpala bien rico que todavía hoy me voy a comer tu culito”. No le hice mucho caso, pues me pareció imposible. Se tumbó boca arriba, abrió bien las piernas y fui a darle un trato a su polla, ¡y qué polla! Era inmensa, gruesa, con una cabeza bien roja, las bolas bien oscuras y grandes. Intenté metérmela en la boca, pero no entraba, así que me quedé lamiéndole toda la longitud, dando pequeños chupetones en las bolas, haciéndole todo tipo de caricias. Era una delicia; quien sí lo disfrutó de verdad fue la totosa, que fue muy bien follada por él. Aquel monumento empezó a crecer en mis manos y llegaba a asustar. De repente me dio la vuelta boca abajo, me puso unos cojines debajo de la barriga, se echó bastante pomada en el culo y empezó a introducir un dedo. Dolía bastante, porque yo era virgen del culo. Se lo dije y fue como encender una mecha. El hombre se volvió loco, echó más pomada y fue introduciendo aquella cabeza enorme. Me debatí, grité de dolor y él otra vez me tapó la boca e introdujo la cabeza de una sola vez. Pensé que me iba a desmayar del dolor. Las lágrimas me corrían por la cara. Me tapó la boca otra vez, me dio tres azotes bastante fuertes en el culo e introdujo de una sola vez la viga en mí. Llegué a perder el conocimiento durante un rato. Cuando desperté, me follaba como un animal salvaje, me pegaba en el culo y decía todo tipo de obscenidades. No sentí placer, solo dolor. Abrió el cajón de la mesilla y sacó un consolador enorme, aún más grande que su polla y, de una sola embestida, me lo metió en la totosa. Tenía los dos agujeros totalmente llenos, parecía que me iban a partir por la mitad. Después de casi media hora comiéndome, aceleró los movimientos y se corrió dentro de mi culo. Cuando sacó la polla, su leche me corría hasta los muslos. Se untó los dedos y me los metió en la boca para que se los chupara. Su leche tenía buen sabor, no puedo negarlo. Sacó el consolador de la totosa, me puso boca arriba y me besó apasionadamente. Me pidió perdón si me había hecho daño y dijo que si no era así, a la fuerza, yo no lo dejaría, y él sabía que yo quería pero no tenía valor. Me levanté y fui al baño a ver el destrozo. De mi culo seguía saliendo su leche mezclada con sangre y la totosa estaba toda pegajosa, roja, hinchada y palpitante. Abrí la ducha, me metí debajo, cerré los ojos y me quedé pensando en la locura que había hecho. Irme a la cama con un desconocido por curiosidad. Entonces oigo un ruido y era Daniel conmigo debajo de la ducha, con la polla dura y el consolador en la mano. Intenté huir, pero me agarró, me levantó una pierna y empezó a penetrarme sin la menor ceremonia. La totosa solo gemía de dolor y placer. Me fue sacando de la ducha, se sentó en el inodoro y yo sentada sobre su polla. Fue forzando la entrada de mi culo con el consolador, haciéndome daño aún más y, de una sola embestida, me metió el consolador en el culo, acomodó la polla dentro de la totosa y una vez más se quedó follándome allí, en los dos agujeros, a su manera. Tardó mucho en correrse y yo aguantando firme. Se corrió y yo me levanté, con las piernas temblando. Me llevó a la cama, me tumbó, levantó mis piernas y fue a examinar el destrozo. Cuando vio mi culo, dijo: “Vaya, mejor que no veas el tamaño del agujero que te he hecho. Mañana ya estará mejor, y en cuanto a la totosa, solo está un poco hinchada, pero nada grave.” Me sentí todavía más humillada, él examinándome como si yo fuera una puta o un objeto. Me puso sobre su regazo con el culo hacia arriba y me dio una buena paliza, como si fuera una niña. Ya ni sabía dónde me dolía más, si en el culo, en el culo de dentro o en la totosa. Me levanté para irme y él me hizo tumbarme y una vez más se comió mi totosa sin piedad ni compasión, luego metió todo el consolador, me dio la vuelta y me penetró el culo con aquella vara que no quería ablandarse. Derramó toda su leche dentro de mi culo y lo que se salía lo frotaba en mi culo ardiente. Según él, para que dejara de arder. Me fui a casa sintiéndome como una auténtica puta. Usada, humillada y pagada. Estuve tres días sin poder sentarme debido al agujero que me hizo en el culo y mi totosa no quiere saber nada de polla en mucho tiempo, ¡y con un desconocido, nunca más!

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Comentarios

Hay 5 comentarios.

Por Maximusjrs en 2018-11-11 17:21:22

¡Excelente cuento! La curiosidad casi mata al gato... Ven a leer los míos y mira lo que pasó con una clienta que luego me confesó, ya que también vino por curiosidad... ¡Te va a gustar!!! rss!!!

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Por Café en 2018-07-17 17:05:35

Me encantó

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Por dotadosafado en 2016-03-12 16:40:51

Me encanta una mujer traviesa que le gusta que la follen muy bien, aunque a veces no tenga el valor de hablar más; aun así muere de deseo. Después de algunas experiencias, empecé a gustarme mucho quedarme pensando y codiciando a una mujer traviesa, o verla exhibiéndose, e incluso ayudarla a perder la timidez y mostrar todo el deseo y la voluntad reprimida. Quién sabe… ayudándola a conocer esos deseos… y esas ganas… Whats (19) 98922 4148

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Por SafadaMaranhense en 2015-10-16 11:29:55

Me gustó.

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Por Tarcibaiano en 2015-08-24 16:02:00

Me gustó.

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