Tarde de viernes en la oficina...
Publicado el 11.11.2018 y traducido el 14.07.2026 Conto · Hetero de Maximusjrs 9 min de lecturaTarde de viernes en la oficina
Hola! Mi nombre es Max, soy moreno, con ojos castaños claros verdosos, mido 1,78m, soy abogado y mi oficina se encuentra en el centro de la ciudad de Río de Janeiro, en un edificio muy famoso.
La historia que voy a contar ocurrió entre yo y Nataly, una hermosa mujer, de 1,60m, con largos cabellos negros, piel blanca, ojos preciosos, pechos medianos, un gran trasero y una boca deliciosa. Esa mujer que, por donde pasa, llama la atención por su encanto y sensualidad.
Era una tarde de viernes, aproximadamente a las 17h, estaba solo en la oficina, ya había despedido a la secretaria, a las pasantes y a los demás abogados. Repentinamente, sonó el timbre y era ella... llegó, usando un vestido negro ajustado, con un escote que acentuaba el intervalo entre sus pechos. Sexy pero no vulgar. Llevaba maquillaje que destacaba sus labios carnosos, el cabello suelto y una voz encantadora.
Con mi tarjeta en mano, preguntó: “- ¿Es usted el Dr. Max?”
Yo le dije: - ¡Entra! Sí, soy yo. ¿En qué puedo ayudarte?
Tiré la silla para que se sentara y, al ver ese escote de arriba hacia abajo, ese trasero hermoso y el cruce de sus muslos gruesos que se mostraron cuando el vestido subió, me sentí extremadamente excitado, lleno de deseo.
Cada vez que ella describía su problema con su voz y gestos suaves, cruzando las piernas... me atraía más y no podía dejar de imaginarla sin esa ropa, haciendo el amor conmigo allí. Ella sabía lo que estaba haciendo y eso aumentaba tanto mi deseo que no podía disimularlo, especialmente cuando fui a buscar la autorización en la mesa de la secretaria donde estaba la impresora. Pasé junto a ella y, al ver el bulto en mi pantalón, me preguntó: “- ¿Está bien, Dr.?”
Yo respondí: - Sí, ¿por qué?
Y sin el menor pudor, con una sonrisa insinuante, mirando mi pantalón, respondió: “- Veo que está tenso...”.
Yo le dije: “Sí, pero estará mejor cuando resuelva su problema”.
Al volver con la autorización, se la di para que firmara y ella se levantó, rodeó mi mesa y preguntó si podía firmar allí, a mi lado. Se apoyó en la mesa dejando el escote totalmente expuesto.
Al firmar, simuló un tropiezo, cayó sentada en mi regazo y preguntó: “- ¿Qué más quiere de mí?”
Y, sin tener que pensar, respondí: “¡Tú!”
En ese momento, la coloqué sentada en la mesa y la besé con intensidad, un beso suave, cariñoso, gradualmente quitándole el aliento, sosteniendo su cuello por detrás, en la nuca. Mientras mi otra mano recorría su cuerpo, deslizándose suavemente por encima del vestido hasta encontrar sus muslos.
Deslicé mi rostro hasta su cuello, arañando con la barba, pasando la lengua... chupando, mordiendo con los labios... sintiendo su piel erizarse. Mientras mi mano derecha la acariciaba, la izquierda abría el zipper lateral que iba desde la axila hasta el dobladillo del vestido. Ella comenzó a suspirar y a quedarse sin aliento, acelerada, con gemidos suaves entre susurros...
Empecé a acariciar su espalda, arañando suavemente con las uñas, por debajo del vestido mientras lo quitaba. Acariciando, solté el broche del sujetador admirando esos pechos hermosos, sueltos, liberados, de un rosado arrebatador, con los pezones rígidos.
Deslicé mi rostro por su escote hasta entre sus pechos y lentamente comencé a contornear el derecho chupando, mordiendo, arañando con la barba, succionando el pezón intensamente, mientras masajeaba el izquierdo con la mano. Después de mamar bastante y de forma deliciosa, pasé al izquierdo, donde repetí todo – siempre acariciando su espalda, dejándola cada vez más mojada, ofegante, inquieta... entregándose gradualmente entre gemidos y susurros.
Limpié la mesa y la acosté, colocando sus pies sobre dos sillas, de modo que ella quedara con las piernas bien abiertas. Me coloqué entre sus piernas, deslicé mi rostro hacia el ombligo, contorneándolo con la lengua, pasando la barba de lado a lado en su cadera, arañando suavemente mientras ella se retorcía, gemía más fuerte, soltando grititos de placer.
Deslicé hasta su ingle, coloqué la braga negra, de hilo dental, empapada, hacia un lado y comencé a chupar la esquina izquierda, en la hendidura del muslo. Chupando, mordiendo, besando, lamiendo – todo sin tocar su vagina que desde hace tiempo exhalaba el aroma de mujer que perfumaba el ambiente.
En ese momento, ella dijo con voz temblorosa: “- Aiii, noooossa, ¡esto es tortura! ¡No aguanto más, fórrame, por favor!”
Le quité su braga dando a entender que acogería su pedido, pero volví a su ingle y contorneé su vagina con la lengua, pasando la puntita por el perineo y chupando el lado derecho. Ella intentaba encajar mi rostro en su vagina que goteaba como una cascada... yo no lo permitía y continuaba disfrutando del temblor de sus muslos, su respiración ofegante, la tensión, el pulso de los labios de su vagina hermosa, rosada, apretada, perfumada, goteando en cascada...
En un verdadero desespero, ella implora: “¡Fórrame, pervertido! ¡Por favor! ¿Quieres volverme loca?”
Sostengo su trasero y empiezo a masajear el clítoris con la punta de la lengua en movimientos circulares, de lado a lado... chupando, mordiendo con los labios, tirando suavemente... sin parar hasta dejarlo durito, extremadamente sensible. Ella se retorcía alucinada, sostengo sus piernas, dominándola, sujetándola. Empiezo a chupar toda su vagina... metiendo la lengua, chupando, mordiendo, tirando sin parar, rápido, fuerte...
Meto dos dedos en su vagina apretada y empiezo a masajear su punto G mientras masajeo su clítoris con la lengua.
En ese momento, ella grita: “- ¡Dios mío! ¿Qué es esto!? ¡Qué locura! ¡No aguanto más! ¡Voy a veniiir! ¡Ainnnnnnnnn!”
Ella entra en éxtasis, llorando, alucinada, con orgasmos múltiples, continuos... su cuerpo temblando mucho, apreta mis hombros clavando las uñas.
Chupo su miel... dulce, deliciosa, caliente, cristalina, fragante... sin dejar de excitarla. Siento el pulso de su vagina en mis labios...
Descontrolada, después de gozar intensamente, respira hondo, se sienta, me jala hacia arriba y comienza a desvestirme rápidamente – quitando la corbata, la camisa, los pantalones, los calzoncillos... se arrodilla, agarra mi pene duro y empieza a chupar, morder, apretar, masturbar. Tiro de su cabeza por el cabello, meto todo en su boca y ella se atraganta con el tamaño y grosor. Después de chupar mucho y dejarlo todo mojado, me mira a los ojos con cara de pillina y suplica: “- ¡Mételo en mí, amor! ¡Quiero que esté todo dentro de mí!”
Ella se sienta en el borde de la mesa y me jala. Lo agarro y empiezo a pasarlo por su vagina que no para de gotear. Coloco la cabeza en su entrada y la saco. Golpeo su clítoris con él y ella gime... Coloco en su vagina y empiezo a penetrar lentamente, hablando con voz grave en su oído: - ¡Siente, mi loba! ¡Siente cada milímetro llenándote!
Empiezo a acelerar, golpeando, metiendo cada vez más fuerte, rápido, todo... ella no aguanta y comienza a gemir fuerte, gritar, arañarme, besar, morder mis labios, diciendo: “- ¡Eso, mi macho, fórrame! ¡Mete, golpea todo! ¡Rompe todo! ¡Soy tuya!”
Eso me llena de más deseo. Apreto sus muslos, meto fuerte, rápido, sin parar hasta que ella nuevamente anuncia: “- ¡Ainnnnnnn, amor, ¡voy a gozaaaar!!! ¡No pares!”. Sigo penetrando hasta que ella queda sin fuerzas, ofegante, roja, erizada... blanda en mis brazos – llorando de placer.
La tomo sin sacarla de dentro y la llevo al sofá. Me siento con ella en mi regazo, de frente, abrazada con mi pene duro en su vagina. La beso, acaricio y digo: - Respira, mi amor! Respira hondo que te quiero más. Ella me mira y dice: “- ¡Eres maravilloso! ¡Ven, haz lo que quieras conmigo!”
La beso, la coloco de cuatro en el sofá, admiro aquel conjunto de maravillas, y le penetro fuerte, sin piedad, en su vagina. Golpeo fuerte, metiendo todo, tirando por la cadera, haciendo el vaivén rápido, palmadas en su trasero dejándolo todo marcado... tirando de su cabello, arqueando su cuello hacia atrás. Sus pechos balanceándose con el impacto de nuestros cuerpos, gemidos, gritos... paso la mano por su vagina y lubrico su ano con su miel. Coloco mi pulgar en su ano y empiezo a penetrarlo al compás de sus contracciones, mientras golpeo sin parar en su vagina... agarro su mano y la coloco en su vagina diciendo: - ¡Toca! ¡Siente mi pene en tu vagina, mi dedo en tu ano y tu toque en tu clítoris!
Ella se estremece y pide: “- ¡Goza, mi macho! ¡Llena a tu hembra de leche! ¡Mete ese pedazo de carne en mi ano! ¡Quítale la virginidad!”
Saco de su vagina y lo coloco en su ano muy despacio, con cariño... ella abre con las manos y mueve para que encaje mejor, pide que vaya muy despacio pero que no pare. Que está sintiendo el dolor de placer más delicioso de su vida. Voy lubricando con su miel y metiendo... hasta que la cabeza pasa y él se desliza todo dentro. Ella grita, llora, se estremece... y dice: ¡Aaaaaaaaaaaaai! ¡Qué deliciaaa! ¡Golpea, pervertido! ¡Golpea todo! ¡Rompe ese ano que ahora es tuyo!”
Golpeo sin piedad, rompiendo su hermoso ano, apretadísimo. Ella se toca, metiendo tres dedos en su vagina, apretando los pezones, gritando, gemiendo, llorando... yo digo: - ¡Siente, mi putita! ¡Siente a tu macho follándote delicioso! ¡Rompiéndote ese ano apretado!
Ella grita: “- ¡Mete, golpea todo, porraaaaa! ¡Ven, mi dueño! ¡Soy tuya! ¡Ven conmigo, voy a gozar de nuevo!!!! ¡Ainnnnnnn! ¡Hummmmmmmm! ¡Veeeeeeem! ¡Estoy gozandoooooo! ¡Llena mi ano de leche! ¡Hazme tu puta, tu pervertido delicioso!”
No aguanto más y gozo intensamente, derramando todo en su ano... susurrándole al oído: - ¡Siente, mi putita, toma toda tu leche... pervertida! ¡Deliciosa! ¡Siente ese ano lleno de leche! ¡Siente pulsando! ¡Eres maravillosa!!!
Después de vaciar todo en su ano, saco mi pene... Ella llora, sonríe, me besa, me abraza... me recuesto en el sofá y la coloco acostada en mi pecho, sobre mi cuerpo... acariciando su espalda, rostro, nuca, besando su boca, frente... y digo: - Relájate... respira... siente mi abrazo envolviéndote, arropándote... Y permanecemos así... nos dormimos hasta las 6h de la mañana del sábado...
Desayunamos a las 7h, la puse en un taxi y me fui a casa...
A partir de ahí, tuvimos varios encuentros más... pero, eso será para las próximas historias. ¡Hasta pronto!!!