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Me cogí a la madura, amiga de mi madre.

Publicado el 20.07.2016 y traducido el 14.07.2026 Conto · Hetero de Daniel 7 min de lectura
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Más o menos eran las 18:00 horas; acababa de llegar del trabajo y, como siempre, fui directo a la ducha. Antes solo vi una nota de mi madre en la nevera: decía que se iba a casa de mi tía y que se quedaría a dormir allí por estar del otro lado de la ciudad.

Abrí el grifo de la ducha y me quedé allí, masajeándome la polla, pensando que estaría solo y que no sería nada justo no follarme a ninguna mina. Se me vinieron varias a la cabeza, pero entonces oí el timbre. Putzzzzz. Me estaba arruinando la paja; me puse una toalla y fui a ver quién era.

Soy Lucas, tengo 28 años y trabajo en una empresa de transportes. Soy un tipo tranquilo, aunque bastante moderno; prefiero mi casa antes que el desmadre. Terminé mi relación con una mina hace unos cinco meses por celos. Me gusta más dar una buena caminata que ir al gimnasio, tengo un cuerpo delgado pero en forma, unas piernas que destacan según las mujeres, el pelo medio rizado y una barba rala que va asomando. Me gustan las mujeres de todas las edades, pero lo que más me llama la atención son los pechos. Adoro a las mujeres con pechos bonitos, sean grandes o pequeños; lo que me excita es su forma.

Con la toalla, abrí la puerta y al verla noté una excitación inmediata: era Stela, amiga de mi madre; una madura de unos 40 años, toda bien puesta, que siempre venía a casa. Rubia y dueña de una belleza que me había hecho dedicarle unas cuantas pajas.

Stela) – ¿Está tu madre?

Yo) – Fue a casa de mi tía; si quieres puedes pasar, voy a ver si tarda mucho.

Abro la puerta y, al verla, siento una excitación. Toda perfumada, dentro de un vestido precioso, tacones y con el pelo, las joyas y un lápiz de labios admirables; de verdad, Stela llamaba la atención y le daba mil vueltas a algunas chicas.

Yo) – Perdona, estaba en la ducha; voy solo a quitarme el jabón y vestirme, enseguida te atiendo.

Dejé a la madura allí en la sala, me enjuagué y, con la polla dura, sabía que mi madre no volvería pronto. Le pedí que entrara con la esperanza de saciar mi deseo por esa mujer. Me puse un pantalón corto y, sin calzoncillos, mi rabo quedaba bien marcado.

Yo) – Perdona el desorden; mi madre salió temprano y ni dio tiempo a ordenar nada. Acabo de llegar del trabajo.

Stela) – No pasa nada. ¡Vaya! Cómo has crecido, estás hecho un hombre muy guapo.

Yo) – Tú estás cada día más linda; tu marido tiene que cuidarse.

Stela) – Aquel ya no hace nada desde hace horas, jajaja, incluso de crímenes, jajajajaja.

Decidí lanzarme sobre la madura; al fin y al cabo, mi polla ya estaba dando señales de que no resistiría a esa mujer tan hermosa. Me acerqué mucho y sentí su respiración agitada con mi proximidad.

Yo) – Él no sabe lo que se pierde...

Sentí que tenía miedo, pero desde que me vio solo con la toalla parecía estar cargada de ganas de sentir placer.

Stela) – No podemos... Tu madre es mi mejor amiga... Puede llegar...

Entonces nuestras bocas se encontraron; su mano ya se extendía por mi cuerpo y, en una mezcla de deseos, ahí estaba yo, rematando a la mejor amiga de mi madre; la riquísima a la que le había dedicado tantas pajas. Con esa boca carnosa y ese beso provocador, la tocaba y sentía aquel beso dulce, el sabor del pintalabios provocador; sentía su mano tocar mi polla, que explotaba dentro de ese pantalón corto.

Stela) – Tu madre puede...

Yo) – Tranquila; hoy no viene...

Cerré la puerta con llave, la cogí en brazos y la llevé hasta mi habitación.

Stela) – ¿Qué estás haciendo?

Yo) – ¿No quieres?

La respuesta llegó en un beso ardiente y, al caer sobre la cama, veía sus curvas y unas braguitas rosas preciosas, un sujetador lleno de detalles. Ella también me miraba a media luz, analizaba mi cuerpo y, sobre todo, la verga que iba a devorar. Pasé unos minutos admirándola, hasta que se sentó en la cama, agarró mi mástil y empezó a chupármelo entero.

Qué sensación tan deliciosa tener a una mujer que sabe chupar de maravilla. Stela devoraba toda la extensión de mi polla; yo no podía resistirme y cada pasada de lengua era un viaje, pensaba yo. “Esta sí que sabe mamar con ganas”.

Stela parecía sedienta de sexo; yo quería saciarle esa necesidad y matar mi deseo. Noté su mirada dulce mientras le pedía que se tumbara. Empecé a pasar la lengua por todo su cuerpo; ella se erizaba y yo llegaba hasta sus bragas, que le quité con la boca llevándola al delirio. Ya estaba toda mojada y yo empezando a chuparle la concha; pasaba la lengua por su clítoris y me embadurnaba con el sabor de su sexo. Stela se retorcía y sus manos se perdían, tirando de mi pelo como riendas para su delirio; yo recorría con la lengua, chupaba su chocha, sentía cómo me la empapaba y entonces ella me arrastraba hasta su boca, me besaba y me hablaba bajito al oído:

Stela) – ¡Cómemela! ¡Mete esa polla en mí! Quiero sentirte.

Empecé a restregar mi polla en la entrada de su grutita; oía gemidos y uñas clavándose, y cada centímetro que desaparecía dentro de ella era una sensación mutua de placer. Sentía el vaivén libre de sus manos mientras yo embestía con ganas esa conchita apretadita. Entonces empecé a lamer aquel hermoso par de pechos, dando suaves mordidas en uno mientras el otro era acariciado por mis manos. Ella gemía de una forma deliciosa; enseguida, a base de embestidas, la hacía delirar de placer. Su sexo daba señales.

Yo) – ¡Córrete! ¡Córrete! ¡Córrete! Empapa mi polla, mi amor...

Ella se retorcía entera y yo sentía su corrida... seguí metiendo más y más, sin parar... al mismo tiempo, sudando, la veía mirando al techo y su cuerpo temblando de placer. Le daba embestidas que hacían que la madura sintiera el golpe de la cama; se agarraba a mí mientras mi polla iba hasta el fondo. Poco a poco fui bajando la presión mientras nos besábamos, y decidí desafiar mi deseo.

Yo) – ¿Te pones a cuatro para mí?

Entonces ella sacaba el culo hacia arriba, mientras yo analizaba el destrozo hecho en esa chocha toda hinchada; le metía lengua en esa conchita toda mojada, ella se meneaba y entonces el destino fue su culito. Lamía cada extremo de ese rielito apretadito, lo mezclaba con el sabor de su coño y ella parecía poseída por el placer. Le mojé bien el anillito hasta el punto de meterle la polla; estaba tensa, con miedo, así que le pedí que se tumbara de lado. Le chupé un poco más el culito mientras ella jugueteaba con su clitorito; entonces fui abriéndome paso lentamente por la pared de su culo. Poco a poco notaba que sentía una mezcla de dolor y placer, pero entre besos y una penetración suave veía cómo mi verga entraba. Le di más lubricación y entonces sí: con ganas, su culito quedó completamente devorado por mi mástil. Hice una pausa y, sin mucha demora, embestí todo en un vaivén atrevido; aquel culito parpadeaba sobre mi polla mientras yo metía, ella gemía como loca, parecía querer correrse una y otra vez. Yo tampoco iba a aguantar mucho tiempo, hasta que ella anunció locamente otra corrida. Yo, en aquella adrenalina, me preparaba para inundarle el culo de leche; en un éxtasis del momento, ella se masajeaba la gruta mientras yo le reventaba el culo. Nos quedamos allí, cuerpo a cuerpo, y sin mucho más nos corrimos al mismo tiempoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo;;; Nossaaaaaaaaaa. AIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII QUEEEEE deliciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. (SE CAYÓ SOBRE LA CAMA)

#FIN

AUTOR: Daniel

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