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Realicé el deseo de la mujer de mi amigo; Ahhh y él viendo todo.

Publicado el 29.08.2016 y traducido el 14.07.2026 Cuento · Hetero de Historia do leitor Edmar - Minas Gerais 8 min de lectura 2 lecturas
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Yo y Breno somos amigos de larga data. Siempre hemos tenido una amistad en la que él sabe lo mío y yo lo suyo.

Breno) - ¡Tío! Sabes que llevo casado un tiempo, y eso de que el sexo como que se enfría y se complica, creo que estoy viviendo esa situación.

Yo) - Puta madre. Y fría, ¿no? Hay que buscar entender, ¿ya hablaste con ella al respecto?

Breno) - Peor que no, tengo cierto miedo.

Yo) - Tienes que encararlo, si no tu matrimonio va a caer en la rutina.

Le di un montón de consejos, conversamos bastante.

Yo soy Edmar, tengo 29 años, trabajo como seguridad, 1,79 de altura, negro, 21 centímetros de polla y cuerpo en forma. No me considero un tipo atractivo, pero nunca he tenido dificultades con las mujeres, soy un tipo tranquilo.

Pasados unos días Breno volvió a mi casa, parecía disgustado.

Yo) - ¿Qué pasa, hermano?

Breno) - Hablé con Paula.

Yo) - ¿Y entonces?

Breno) - Me salió con unas cosas raras.

Yo) - Hummmm

Breno) - Dijo que fantasea con follar con otro mientras yo me quedaría mirando. Dijo que es algo distinto que siempre quiso hacer. Estoy rayado. ¿Cómo me dice eso así?

Yo) - ¿El hecho de que te lo diga y te cuente lo que siente no cuenta? Las mujeres tienen esas fantasías, así que no la juzgues; al final, te está siendo sincera en vez de buscarlo por otro lado sin que tú te enteres.

Breno) - ¡Peor, eh, hermano!

Confieso al lector que mi amigo era un hombre con suerte; Paula era una mujer tremenda, simpática y bonita, con pechos abundantes y un buen par de muslos, tiene alrededor de 32 años, es una rubia atractiva y coqueta.

Yo) - Sé que para el hombre a veces es complicado, amigo, pero intenta escucharla y, si estás de acuerdo, adelante; busquen a alguien de confianza de la pareja y tal.

En ese momento hablamos bastante, al fin y al cabo para mí esa situación no era novedad; como dije, soy un tipo moderno y, por el placer de ambos, busco hacerlo lo mejor posible.

Pasadas unas semanas me llama, parecía apurado preguntando si estaría trabajando, pero yo ya estaba en casa.

- Voy para allá. (Decía él)

Aproveché que venía y puse a enfriar unas cervezas, al fin y al cabo era mi día libre y tener compañía para beber siempre viene bien.

No tardó mucho y ahí estaba él, parecía nervioso y tal; bebimos, escuchamos una buena música sertaneja y entonces decidí preguntar.

Yo) - ¿Qué pasó con lo de tu esposa?

Breno) - Justo de eso vengo a hablar; hace unos días acepté, pero tenía dudas sobre decirme un nombre.

Yo) - ¿Y entonces? ¿Llegaron a algún acuerdo?

Breno) - Pues... En esa conversación surgió tu nombre.

Me quedé medio sin saber qué decir, porque nunca pensé que aquella ricura quisiera sentarse en mi polla.

Yo) - ¿Pero yo?

Breno) - Dijo que le gustaste, y que incluso ha oído algunas cosas de sus amigas que ya se han acostado contigo, y como tiene que ser alguien de confianza...

Mi verga ya estaba dura solo de imaginar el cuerpo de aquella delicia.

- ¿Pero no va a afectar a nuestra amistad? - pregunté.

Breno) - Claro que no.

Yo) - ¿Y qué haría yo?

Breno) - Lo que ella quiera, tendrán total libertad.

▪2 DÍAS DESPUÉS.

Fui a su casa y él me recibió tranquilo; me senté en el sofá y nos quedamos conversando, me dijo que su mujer estaba en la ducha. Yo estaba todo excitado y ya empezamos a beber; él bebía mucho más rápido, probablemente para darse valor.

Cuando aparece, la veo con un vestidito negro, tacones altos; yo ni me creía que iba a tener a una rubia tan linda.

Se sentó a mi lado y me preguntó qué me parecía su fantasía. Le respondí que era un afortunado por haber sido elegido.

Paula) - ¿Por qué afortunado?

Yo) - Una mujer tan rica como tú tiene que ser bien tratada, y bien follada.

Ella soltó una risa y noté la mirada de Breno.

Decido preguntar:

- ¿Y por qué yo?

Paula) - Esa cara de malo que tienes, tu cuerpo bonito y esa mirada de cabrón, y porque una amiga ya me habló muy bien de tu buen equipo y me dieron ganas de probar; dijo que tienes una buena polla... Quiero ser tu puta hoy, ser tu perra.

Se acercó y, con un beso delicioso, sentía su cuerpo pegado al mío, aquella mujer perfumada y yo con la polla como una piedra.

Yo) - ¿Estás segura de que quieres que te traten así? Porque voy a follarte de verdad.

Noté que mi amigo tenía los ojos desorbitados, y ella, percibiendo nuestro cruce de miradas.

Yo) - ¿No es así, cornudo? ¿No es de esta forma que él tiene que tratarme?

Breno hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

Yo) - Vamos al cuarto, quiero comerte en la cama de este cornudo.

Ella y yo fuimos delante; en aquel ambiente acogedor fui quitándome la ropa y enseguida ella se liberaba de la suya. Allí, entre besos y agarrándole fuerte del pelo, ya le ordené:

- ¡Quítame el calzoncillo con la boca, puta!

Ella obedecía, estaba sedienta de sexo y tenía mi verga para mamar; enseguida el cornudo de mi amigo entra en el cuarto y se sienta en un puff al lado, y a media luz veía a su mujer tragarse mi nabo.

Aquella zorra sabía muy bien cómo chupar una polla; su lengua recorría toda la longitud de mi verga, yo la obligaba a metérsela toda en la boca, y en momentos parecía atragantarse. Le daba unas palmadas en la cara haciéndola probar cada centímetro.

- ¿Te gusta ver, cornudo? - decía yo.

Cogí mi polla y se la estampé en la cara a la zorra; Breno solo miraba, hasta que ella dijo:

- Quítate la ropa, cornudo. ¡Vamos!

Él medio que se resistió, pero cedió; entonces ella decidió apelar.

- Mira, amor, qué polla tan rica, mira estas bolas, amor, hummmmmm qué delicia.

Le mamaba mientras lo miraba; parecía encantada, cada parte de mi polla era chupada mientras acariciaba mis huevos, los lamía y disfrutaba siempre mirando fijamente a Breno.

Paula) - ¡Madre mía!!! Mucho mejor de lo que me habían dicho.

Saliendo de mi polla, recorría mi cuerpo con la lengua, me agarraba de los brazos y veía lo diferente que era este negro respecto a su maridito, parecía alucinada con aquella situación.

- ¿Quieres polla, zorra? Entonces la vas a tener.

La tiré en la cama y fui lamiéndole la rajita, le di unas tres chupadas mientras ella me pasaba la chocha por la cara; enseguida fui clavando la madera en esa concha toda babeada.

- ¡Toma, puta!

¿Quieres hierro? ¡Toma!!!!

Oíamos los golpes de la cama con cada embestida; ella gritaba como una puta insaciable, entonces, mirando a su macho, le dije:

- Mira, cornudo, cómo se folla a una zorra, ¡miraaaaaaa!

En tres metidas la puta ya se estaba viniendo; metía la polla oyéndola gemir, ella me arañaba el brazo con la fuerza de su placer, yo ahí embistiendo sin piedad, su expresión me llevaba a la locura...

- ¡Ponte a cuatro!

Sin dudarlo, levantó ese coño y entonces ya recibía más polla...

- ¡Toma, puta!

Le di dos azotes en el culo llevándola al extremo, y entonces enseguida soltaba su gozo otra vez.

Aceleré las embestidas y ella parecía tambalearse de tanta polla, gemía mientras el cornudo se tocaba una paja; embestía con ganas y ella caía en la cama, ya estaba exhausta y necesitaba recomponerse en el baño.

- ¡Ya vuelvo!

Me tumbé mientras en segundos ella regresaba y se lanzaba sin miedo sobre mi verga, había ido a refrescarse en la ducha y estaba toda mojadita.

Aquella zorra subía y bajaba sobre mi polla, yo mordía el pezoncito de su pecho mientras mi mano recorría todo su cuerpo; la sensación de placer era enorme, veía que Breno se estaba pajeando con fuerza y en la mirada de aquella rubia rica veía una expresión de satisfacción. Yo aún aguantaba el gozo y, muy bajito, le hablé al oído: (Arrodíllate para que me corra en tu boquita)

Ella obedeció y se metió mi polla gustosamente en la boca; le di un par de bofetadas en la cara.

- Mira al cornudito, enséñale que te gusta tragar leche.

No tardé mucho en llenarle la cara de leche; fue tanta que llegaba a escurrir, vi que guardó un poco y luego, corriendo hacia Breno, lo besó con la boca toda pegajosa con mi gozo.

Me tumbé en la cama y la vi encima de él, cediendo a los besos con el sabor de mi corrida; él parecía loco con todo aquello y se desahogaba con esa paja que le sacaba su goce.

Ella se bajó de él y vino toda sonriente hacia mí, ordenando ya:

- Me dio un poco de hambre, ve allá, cornudito, a preparar algo para comer.

Breno se levantaba rumbo al baño para limpiarse y luego obedecía; él estaba en la cocina, mientras Paula y yo nos quedábamos en la cama disfrutando y esperando la cena que preparaba el cornudo de mi amigo.

FIN

Historia del lector Edmar - Minas Gerais

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