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La fantasía de Talyta

Cuento · Fantasías de Javier 7 min de lectura
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Esta historia ocurrió en agosto de 2001. Mi amigo Maury y yo, los dos de 24 años, salíamos todas las noches, a la caza de chicas por las cervecerías y discotecas de la ciudad. Ambos teníamos el mismo tipo de cuerpo: atléticos, morenos, de 1,70 m de altura, ojos castaños y locos por las chicas necesitadas de cariño.

Estábamos en una cervecería de la ciudad, pero todavía no había surgido ningún “plan” concreto. Había dos chicas que nos lanzaban algunas indirectas y probablemente serían nuestro objetivo si el coqueteo seguía adelante.

Entonces Claudio, un amigo nuestro que estaba de viaje, llamó a mi celular, preocupado. Dijo que estaba intentando llamar a su novia, pero el teléfono siempre daba ocupado. Claudio nos pidió que fuéramos a su casa para ver qué estaba pasando.

Nos pusimos de muy mala hostia, porque con eso perderíamos nuestro posible “plan”, pero él estaba tan preocupado que al final salimos de la cervecería y fuimos hasta su casa.

Talyta estaba viendo la televisión vestida solo con una camiseta y unas bragas, dejando al descubierto sus bonitas piernas. La camiseta blanca marcaba los pezones de sus tetas. Me puse cachondo al instante.

Cuando le explicamos el motivo de nuestra presencia en su casa, nos contó que el teléfono estaba estropeado. Nos invitó a pasar y fue a ponerse una minifalda. Le presté mi celular y ella llamó a mi amigo Claudio. Mientras hablaba, Maury y yo disfrutábamos de su belleza.

Talyta era una morena de 24 años, muy buena, con un cuerpo capaz de volver loco a cualquiera. Medía 1,70 m, pesaba 55 kilos, tenía el abdomen marcado y era dueña de un culo maravilloso. Mi amigo y yo intercambiábamos miradas lascivas mientras observábamos sus piernas. Tenía los muslos bronceados, perfectamente depilados y de formas impecables.

A veces, no sé si para provocarnos o porque se olvidaba de que estábamos allí, Talyta se rascaba la parte de atrás del muslo, levantándose la minifalda y dejando ver parte de las bragas.

Después de la llamada, nos invitó a ver una película en la televisión por cable. Mientras cambiábamos de canal, apareció una película erótica y mi amigo dijo que la dejáramos puesta. Ella aceptó y los tres nos quedamos viendo aquella película.

Al principio no parecía muy entusiasmada con las escenas de sexo que estábamos viendo. Pero Maury y yo ya no aguantábamos de tanto calentón. Uno miró al otro y no hizo falta decir nada. Decidimos provocarla para ver hasta dónde llegaba la cosa.

Maury fue el primero en bajarse el pantalón corto y quedarse solo en calzoncillos. Yo me quité la camiseta, la bermuda y los calzoncillos de una sola vez. Cuando Talyta nos vio, se quedó asombrada al contemplar nuestras pollas durísimas. Ya ni prestaba atención a la película. Tenía los ojos clavados en nuestras vergas.

Maury terminó quitándose los calzoncillos, se sentó en el sofá y empezó a masturbarse con los ojos cerrados. Yo me moría de ganas de follarme a Talyta, pero no sabía si ella se entregaría a toda aquella guarrada. Aunque debía de estar disfrutando, porque no se quejó ni una sola vez.

Me senté en el sillón de al lado, para que Talyta pudiera apreciar mi polla más de cerca. Yo también empecé a masturbarme, pero sin dejar de mirarla de arriba abajo, dejando bien claro que me moría de ganas de follármela.

Fue entonces cuando nos preguntó, con una voz dulce y llena de malicia, si no queríamos que nos la mamara.

Maury no parecía creerse la propuesta. Y yo, que estaba más cerca, me lancé sobre ella. Empezamos a besarnos, entrelazando las lenguas, mientras Talyta llevaba la mano hasta mi polla. La agarró con fuerza y empezó a moverla rápidamente de arriba abajo, apretando un poco más el glande.

Maury también se acercó, se sentó en el sofá, tomó la otra mano de Talyta y la puso sobre su polla. Con una habilidad poco común, nos masturbaba al mismo tiempo, usando las dos manos: una para mí y otra para mi amigo.

Mientras tanto, aprovechábamos para chuparle las tetas. Talyta empezó a gemir y a susurrarnos al oído que estábamos muy buenos y que teníamos unas pollas enormes.

Al sentir que aquello no había hecho más que empezar, metí la mano entre sus piernas y le arranqué las bragas. Talyta ya estaba completamente mojada y se abría entera para recibir mi dedo en su culito.

Maury siguió chupándole las tetas mientras intentaba quitarle la camiseta. Ella misma se esforzaba por bajarse la minifalda. No tardamos mucho en estar todos desnudos, completamente desnudos, tumbados sobre la alfombra de la sala.

Talyta llevó su boquita ansiosa hasta mi polla y empezó a chupármela con ganas, lamiéndome la cabeza y masajeándome los huevos. Maury se acercó y puso su polla a su disposición. Entonces la gata empezó a alternar las mamadas: unas veces a mi polla y otras a la de Maury.

Cuando se demoró un poco más con la polla de mi amigo, aproveché para ponerla a cuatro patas y llegué hasta su culito empapado de deseo. Le metía la lengua en aquel conejito depilado, le mordía el clítoris y le acariciaba el culito rosado con los dedos. Cuando fingía que iba a meterle un dedo en el culo, Talyta gemía fuerte y decía que aquello era increíble.

Me coloqué detrás de ella e introduje mi polla, que se deslizó deliciosamente dentro de aquel culo. Talyta estaba ardiendo de deseo y empujó hacia atrás para recibirla entera dentro de ella.

Con mi polla completamente enterrada en su culo, empecé a bombearla con un vaivén que volvió loca a la mujer. Talyta gemía sin parar, pero sus gemidos quedaban apagados porque tenía la polla de Maury metida hasta la garganta.

Solo se apartó cuando mi amigo le pidió que lo dejara entrar en su culo. Intercambiamos posiciones y ahora ella me mamaba mientras Maury se la follaba.

Hasta ese momento ya se había corrido unas tres veces. Talyta no paraba de gritar, de decir que le encantaba y que éramos maravillosos.

Fue entonces cuando hizo la mejor petición de todas.

Talyta, que estaba a cuatro patas, se volvió hacia nosotros y confesó que su fantasía era que los dos nos la folláramos al mismo tiempo.

¡Dios mío, aquello fue sensacional!

Maury se tumbó sobre la alfombra y nuestra putita se sentó, con el culo empapado, sobre su polla. Arqueó el culo y me invitó a acercarme por detrás.

Primero le di un buen lametón en el culo para dejarlo bien lubricado y después fui metiendo poco a poco la polla en aquel agujero apretado. Talyta quedó completamente llena por los dos agujeros, encajada entre nosotros dos, y gritaba de placer.

Nos quedamos así unos instantes, escuchando únicamente los gritos de la chica, que no paraba de correrse. Maury también empezó a gemir fuerte, señal de que estaba a punto de correrse.

Para que aquello fuera todavía mejor, aceleré las embestidas en su culo porque quería que los tres llegáramos al orgasmo juntos.

Fue sensacional.

Maury y yo nos corrimos, rociando nuestro semen sobre aquella buena hembra, que estaba alucinada y fuera de control. Talyta se quedó con el culo y el coño llenos de corrida. De sus dos agujeros se escapaban nuestros fluidos, que le corrían por todo el cuerpo.

No soportó tanto placer y se desmayó encima de Maury. Dejé caer mi cuerpo sobre el de ella también y los tres nos quedamos allí tirados, exhaustos.

Cuando nos recuperamos, nos despedimos de Talyta y volvimos a la cervecería para tomarnos unas cervezas bien frías. Nos mirábamos y no podíamos creer la follada de oro que acabábamos de echar.

Pero lo mejor de la historia fue que, durante los meses siguientes, cada vez que Claudio viajaba, Talyta quería acostarse con nosotros. Aquellas historias se repitieron hasta diciembre de 2001, cuando se comprometieron y se mudaron de ciudad.

Pero durante ese tiempo hubo muchas folladas, que siempre terminaban con una doble penetración.

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